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martes, 15 de abril de 2025

La receta para un best-seller: ¿es real?

Hace un tiempo me encontré con un artículo que llevaba un título parecido, y no es el primero que leo de este tipo, al punto de que se ha vuelto cansino ver como todos parecen tener la verdad absoluta sobre este tema, incluso aquellos que ni siquiera hablan desde la experiencia porque ni en su casa los conocen.

Y aquí dirás: vale, pero a ti tampoco. 

En efecto. Sin embargo, yo no vengo a venderte una mentira para que acabes comprando un curso de: ¿cómo escribir un best-seller en 3 meses y venderlo por 500 euros (espero que alguien acá entienda la referencia porque no lo voy a explicar).

Comencemos poniendo sobre la mesa todo lo que estos "gurús" nos dictan que hagamos si queremos probar de las mieles del éxito literario que ni siquiera ellos han tenido el honor de probar:

  • Atrapa al lector desde la primera línea.
Esto te lo dirán incluso en cursos serios. Pero no te vayas con la idea de que haciendo esto, automáticamente, lectores te caerán del cielo suplicando una segunda parte de tan magnífica novela porque no funciona así.

Estoy de acuerdo en que esta idea tiene su razón de ser: para enganchar al lector y que no abandone el libro. Ojo, un libro por el que ya tuvo que pagar. Así que, ten cuidado y que no te quieran vender este argumento como "la fórmula mágica" cuando solo se trata de lo que de cajón debe tener cualquier novela, sin importar cuanto venda. Atrapar al lector tiene más de ciencia que de magia, así que tomate tu tiempo para este asunto por las razones correctas.

  • Crea personajes complejos con los que el lector pueda empatizar.
Otro indispensable, aquí no vamos a negarlo. Sin embargo, ¿te haz preguntado cuánto tiempo te va a llevar entender a tus personajes? Porque todos te dicen que debes crear personajes con virtudes, defectos, motivaciones, pero nadie te habla de lo complejo que es entenderlos cuando ya tienes toda la información sobre la mesa. Ya que de nada te servirá conocer de qué color son los calzones de tu protagonista si lo que obstaculizará que tu personaje resuelva el conflicto de la trama es que tiene la falsa creencia de que si no hace lo que otros esperan de él, los decepcionará (Nota: mi personaje al que le cayó la roca se encuentra bien, él lo resolverá).

Haciendo hincapié en el lector, te dirán que debes poner al personaje en situaciones con las que el lector se sienta identificado para que pueda empatizar. Pero nadie te dice que no todos los lectores van a llegar a entenderlo (a la primera) a menos que te sobre espacio en tu novela y metas a tu protagonista a tener un día de mierda en el que lo despiden del trabajo, se le va el bus, un perro lo orina...en fin, ahí sí que cualquiera empatizará. 

Pero volviendo al punto central, este consejo en específico no te volverá un superventas. Puedes tener personajes bellamente construidos, pero si la trama es sobre un alien que quiere casarse con un caballo y volver a su planeta para correr la fórmula 1, te arriesgas a aparecer en alguna de esas cuentas de Bookstagram en un carrusel de "los peores libros que leí". Aunque acá tomarás fama por lo malo que pueda ser.

  • Construye una comunidad.
Acá entramos a terreno escabroso y que a más de uno va a sacarle varices en el esófago. Creo que de todas las cosas que dicen "los tocados por los dioses literarios", esta es la que tiene más verdad detrás, aunque también mucha tela de donde cortar.

Seamos un 1% más de 100% realistas: si el día de mañana publicas un libro, ¿cuánta gente lo compraría? Bueno, ahí radica la importancia de tener una comunidad si nuestros objetivos son vender lo que escribimos. El problema con los que te dicen que debes construir una comunidad es que ninguno va a decirte cómo hacerlo, al menos no gratis. 

Y a esto se le suma otra cosa, en la que quiero que te detengas a pensar: si ellos te van a cobrar por "revelarte el secreto" sobre cómo construir una comunidad de lectores sólida, ¿qué hacen ellos vendiendo cursos? ¿Por qué lo hacen?...¿Será que acaso...les es más rentable vender espejos a cambio de oro que lo que les deja sus propias novelas porque...ni ellos saben cómo ganar lectores, pero sí cómo atraer a escritores desesperados por tener lectores?

Para pensar a quién vamos a escuchar a partir de ahora. ¿Al que te quiere vender algo para decírtelo o al que te comparte consejos útiles que aunque no te resuelvan la vida te servirán para orientar tus pasos?

Que también en este tema me ha tocado escuchar lo que a mí me gusta llamar: "Historias de terror que me gustaría vivir a mí, sobre gente que tiene tanto dinero que ya no sabe por donde metérselo". Categoría en la que entran desde gente que se auto compra sus propios libros para quedar en el top 10 de Amazon, personas que ponen su libro gratis para tener muchas descargas y que el algoritmo los tenga en la primera página cuando deje de estar gratis, hasta los que invierten 100.000 dólares en publicidad para no recuperar ni la mitad de eso.

Así que no cualquier consejo vale y los que involucren invertir dinero, mejor pensárselo dos veces.

Llegados a este punto: entonces, ¿cuál es la maldita verdad? ¿Qué debemos hacer para llegar a ser un autor best-seller?

Bueno, aquí te va una verdad tan grande como cubeta de agua helada: un libro superventas es comprado en su mayoría por gente que no es una apasionada de leer 500 libros al año (entiendan la referencia o no). Es decir, no son ávidos lectores. 

Si eso no fue suficiente, acá va otro facto: esos libros son superventas porque trazan una historia que a cualquiera le puede gustar. Están llenos de clichés, tropes explotados hasta decir "no más" pero que siguen gustando como la primera vez que los leímos. Sólo hazte la pregunta: ¿cuántos de estos libros conoces, ya sea porque los leíste por el hype y terminaste decepcionado porque no cumplieron tus expectativas?

Esa es la realidad, aunque nos duela a los noveles. Allá afuera hay un océano de gigantes superventas que solo son producto de la suerte, fama acumulada por otros motivos, una super producción de marketing hasta en las cajas del cereal y puede, PUEDE que hasta uno que otro pacto satánico. Nunca sabremos eso último.

Pero, antes de que tires el ordenador por la ventana, quiero que te preguntes: ¿de verdad quiero eso para mis novelas? ¿Quiero que me lea gente que va a comprar mi libro una vez, por ser la sensación del momento, pero que no lo volverá a hacer nunca porque irán a por el siguiente libro? ¿O quiero escribir historias mediocres pero que le gusten a la gente, aún con el riesgo de que las olviden por el competido mercado que hay?

Aquí vas a decirme: Pero Doll, ¿no se puede ser best-seller con una historia que valga la pena?

Ya te digo yo que de ser posible, lo es. Pero, ¿cuántos casos de esos conoces? Seguro que muchos menos que los casos de superventas mediocres. 

Lo que me lleva a una inevitable reflexión: Si lo piensas bien, es más fácil ser un autor best-seller con una historia mediocre bajo el brazo, que tener un éxito medianamente decente (tanto financiero como personal) escribiendo novelas a las que les ponemos toda el alma para que valgan la pena ser leídas.

Así pinta este panorama. No es culpa nuestra, ni de nadie en particular. Las masas hacen famoso a quién le sale de los cojones. 

¿Dejaremos de escribir por eso? Honestamente pienso que lo que se ama no se abandona porque llena algo de ti, y cuando no lo hace, entonces es cuando lo dejas.

La moraleja de hoy es: no te martirices pensando en que tienes que ser un autor superventas o de lo contrario no alcanzarás el éxito. El éxito es individual y no solo se mide por números, abarca muchas otras vertientes que también son importantes. Somos escritores y queremos vivir de ello porque lo amamos, eso es genial y es posible, pero nada es posible sin esfuerzo y constancia.

martes, 8 de abril de 2025

No es tu novela, eres tú: aquí te explico por qué.

Poco he visto que se hable de este tema, pero creo que es hora de que alguien lo haga. Todo el mundo te hablará de cómo escribir una novela, consejos que deberías seguir y qué evitar si quieres tener éxito y está bien. Lo que nadie te dice es que a veces tenemos ideas para empezar un manuscrito pero que no todas las ideas que se te ocurran acabarán vendiéndose como pan caliente o que muchas de ellas quizá ni siquiera vean la luz.

Pero hoy no voy a enfocarme en esto, si no en algo de lo que menos se habla: cuando tienes ideas para una historia pero no estás listo para abordarla. De allí el título de esta entrada.

¿Y cómo saber que no lo estamos? Te lo contaré poniendo como ejemplo mi experiencia personal y si esto resuena contigo, es probable que te haga reflexionar sobre tu proceso creativo, así como a mí me sucedió para llevarme a estas conclusiones y en consecuencia atreverme a escribir esto.

Cuando en mí nació la idea de mi novela, en aquel momento no tenía ni idea de hasta dónde podría llegar con ella y con el paso de los años, comencé a entender de qué iba realmente mi novela. 

Te explico: yo tenía claro que sería romantasy (sin saber que era lo de moda en ese momento) y que la premisa sería acerca de un hombre que tras enviudar hace un tiempo, compra un retrato antiguo de una mujer y que tras eso, comienza a tener sueños con la mujer del retrato. Con eso en mente me puse manos a la obra y salió el primer borrador.

Sin embargo, por cosas de la vida que ya conté en la entrada de mi experiencia autopublicando (y si no lo han leído vayan a hacerlo) tuve la oportunidad de volver a leerla, varios años después y con una nueva perspectiva de la vida.

Tras meditarlo me di cuenta que era un asco y que en ese momento yo no estaba preparada para una idea tan ambiciosa. Esto lo descubrí hasta que decidí sentarme a entender lo que mi novela necesitaba y qué fue lo que falló en aquella primera vez (spoiler: todo).

De allí nació una nueva versión de la misma que no era ni la sombra de la versión anterior (si quieren leerla dejaré el link al final por si les interesa dejarme comentarios antes de la versión definitiva). En la primera versión no le di la importancia que merecía al tema de "la pérdida y el duelo", por ejemplo. Un tema muy importante y que se correlaciona con toda la novela. Pero como te dije antes, todo esto no lo vi hasta que me puse escuchar y con la mente fría lo que necesitaba para sacar todo el potencial a una idea.

Aún con esas, decidí betear la versión nueva. Porque aunque me gustaba el resultado final, sabía que otros ojos serían capaces de ver lo que yo no podía y quería estar segura de esta vez, estarle dando el esmero que merece.

Diré que valió tanto la pena haberlo hecho porque eso me dio mucha más perspectiva y me ayudó a conocer aún más lo que estaba haciendo, por lo que ahora estoy embarcada en la versión definitiva (o eso espero). (Gracias a mis lectores beta que se tomaron el tiempo de leerla y darme su feedback, podrán pasar mil años y lo seguiré agradeciendo con el alma).

En resumen, todo este camino literario me ha servido para entender que a veces tenemos ideas muy ambiciosas, que por la emoción del momento, nos podemos cegar y no llegar a entender cómo desarrollarlas para hacerle justicia a lo que imaginamos y escribimos un borrador que acabaremos odiando después.

Para evitar esto, podemos documentarnos sobre los temas a tratar todo lo que queramos, que es lo que recomiendo encarecidamente porque si te pones a ver la cantidad de autores superventas que hacen esto, entenderás por qué están donde están y lo importante que resulta este paso (sí, incluso antes de un primer borrador si no quieres tener que reescribir todo).

Nota personal: aunque para la primera versión investigué un poco sobre el duelo y la pérdida, sus fases y cómo salir de el, no llegué a entender cómo se sentía vivirlo hasta que años después me sucedió a mí. Esto, personalmente, me gusta tomarlo como una señal del universo de que necesitaba perder algo importante para mí, para lograr ponerme en el lugar de mi personaje. Tardé en verlo de esa manera porque en mi caso nadie murió pero fue una pérdida tan significativa que es como si hubiera ocurrido y atravesé cada fase que en su momento investigué. La vida y sus formas extrañas de maniobrar.

La moraleja de hoy es: no es que seas malo escribiendo, quizá todavía no estás preparado para esa idea tan grandiosa que algún día podría ser el siguiente best-seller (quién sabe, soñar se vale). Que esto no te desanime y úsalo como la motivación perfecta para sacarle brillo a esa novela que estás escribiendo.


Gracias por leerme. Dejo acá el link de la famosísima y ya mencionada historia en la que estoy embarcada y espero que por fin me de tregua este año, porque también hay que saber cuando soltar: La Maleducada Novela



martes, 1 de abril de 2025

El mito más extendido en la literatura actual: los libros malos.

Seguramente tú o alguien más alguna vez ha dicho: "este libro no me gustó porque los personajes eran planos o (inserte aquí fundamento literario de su preferencia)". Pero, ¿qué pasaría si te dijera que aquel "mal libro" con el que haz querido hacer una fogata por lo insulso de sus páginas, es en realidad un ser mitológico que ha trascendido a través de los siglos?

Tal vez pienses: ¡¿cómo es posible este suceso si los libros malos existen?!

O quizá creas: decir que los libros malos son un mito es como negar la existencia de (inserta aquí el libro que usarías como papel higiénico ante una época de escasez). 

O peor aún: ¡¿acaso estás tratando de promover la mediocridad literaria?!

Desde ya te adelanto que esta entrada no va de defender a los prófugos del sentido común, ni será un debate para que dejes de creer que 50 sombras de Grey (o cualquier libro que detestes) es en realidad una obra maestra.

No, no iré por esos tormentosos y polémicos caminos que solo dejan egos lastimados y funas en Twitter (ahora X).

La cuestión radica aquí: tú podrás decir que "el libro tal" es malo por un sinfín de razones: trama inverosímil, mala ortografía, personajes planos, pluma del autor, sesgos ideológicos. En fin, que la lista es larga. No importa cuál sea tu fundamento, ni la veracidad de este, ni quién esté de acuerdo contigo.

¿Y por qué no? te preguntarás.

Porque no importa cuan malo sea, siempre habrá alguien que va a decirte que el libro le gustó. (Sí, incluyendo ejemplos como: el relato de la rata con thinner, el tío árabe de Zayn y la historia del príncipe pene junto con su supuesta trilogía).

Aquí tal vez creas que estoy siendo demasiado filosófica.

Pero aclarando: Existen libros con errores (en mayor o menor grado, algunos incluso serán perceptibles para muy pocos) lo que NO existe son los "libros malos". Porque nunca vas a encontrar un libro que se hayan leído hasta las rocas y que a cualquier persona que se lo preguntes te conteste que lo odió por lo pésimo que es. Siempre habrá alguien que no lo odie, aunque te cueste creerlo y no comprendas el raciocinio de quienes lo defiendan.

Sin embargo, que esto no nos valga para justificar la mediocridad y el poco esfuerzo por mejorar. 

Decidí tomar este tema tan relevante últimamente para enviar el mensaje correcto, por si todavía no te imaginas a dónde quiero llegar con todo este discurso es a lo siguiente:

No te dejes martirizar con la idea de que a nadie le va a gustar tu libro, ni te permitas paralizarte ante el miedo a que tu novela sea marcada con el sello de "libro malo". Porque eso es técnicamente imposible por las razones ya expuestas. 

Una forma más saludable de abordar tu novela si sientes que algo le falta para brillar es: enfoca tu mente hacia lo positivo y cuestiónate: ¿qué puedo hacer para ser un mejor escritor? Solo puliendo nuestro talento nos aseguraremos de alejarnos de escribir "joyitas" como las listadas anteriormente.


martes, 11 de marzo de 2025

Mi peor crítica literaria: ¿El arte no se corrige?

El arte es subjetivo. 

Todos los que ejercemos la profesión artística lo sabemos, sin embargo, hay quienes llevan este lema más allá de lo razonable. Y sí, en su momento, yo fui uno de los adeptos al "subjetivismo del arte" por llamarlo de alguna manera.

Hasta que "el realismo de la vida" acabó con él.

Todo empezó con la publicación de mi primera novela, anteriormente llamada: "Los Surrealismos Del Amor". Cada vez que lo recuerdo, no puedo evitar acordarme de los dolores de cabeza que me tomó llegar a semejante título, pero ese es tema para otra entrada.

Tras dos años de trabajo e intentar con la edición tradicional sin éxito (y ahora entiendo la razón), autopubliqué en 2021, con 99% de Dunning-Kruger en mi sistema y 1% de fe en el miocardio (cabe decir).

Al principio, todo marchó como la miel sobre hojuelas. Tuve unas cuantas ventas entre mis allegados y a la par, hice lo mejor que pude en cuanto a marketing se refiere. La gente no compra el libro de alguien de quién ni debajo de las rocas han oído hablar, aunque eso habría que explicárselo a las ventas que obtuve mediante Tinder (sí, en serio).

Un día, la Doll Writter del pasado tuvo la estupenda idea de poner en práctica una estrategia que iba más allá de campañas publicitarias en Facebook y dejarme ligar por desconocidos, aceptando que adquirieran mi novela: las benditas reseñas.

Paréntesis: Aquí quiero agradecer con toda el alma a las personas que amaron la primera edición de la novela y eso se vio reflejado en sus comentarios. Nunca olvidaré como aquello me dio ánimos de continuar incluso cuando el síndrome del impostor lo tenía a tope. Gracias infinitas. Si algún día me vuelvo best-seller, tendrán mis novelas gratis, autografiadas y las exclusivas que surjan.

Pero bajando de las nubes doradas y volviendo al tema, como en todo en la vida, siempre hay un "negrito" en el arroz, esa nota que desafina al final de una canción.

Contacté con una web que se dedica a reseñar libros desde antes de que a mis padres se les ocurriera la genial idea de colocarme en la existencia. Hice llegar una copia al dueño del blog y esperé un par de meses.

Tal vez creas que mi infierno comenzó cuando terminé de leer la reseña, pero no.

Empezó seis meses después.

Verás, esperar tanto tiempo por algo, te hace crear expectativas fuera de proporción, porque crees que lo bueno siempre tarda en llegar. Ya te digo yo, que a veces lo peor se hace esperar y este caso no fue la excepción.

No leí la reseña el día que la recibí.

A pesar de que hasta ese momento había obtenido buenas reseñas, comenzó a gestarse un miedo irracional para ese entonces a las malas reseñas.

Incluso una persona muy querida para mí la leyó antes que yo y lo único que me recomendó es que la leyera. Y vaya que debí haberlo escuchado.

El día que dejé de creer en el "subjetivismo del arte", me había creado un perfil (o eso intentaba) en una web de la que no recuerdo el nombre pero es como el Workana de los escritores. En un apartado, podía adjuntar enlaces a las reseñas que me habían hecho para embellecer mi CV literario e incrementar mis posibilidades de ser notada por algún editor. Así que, cuando el terror ya me había abandonado hace tiempo, decidí buscar aquella reseña que me había hecho ese blog.

Debo decir que cuando terminé de leerla no sentí el golpe de la caída desde el pico de la montaña. Ni siquiera era consciente de que me había caído. Y no lo fui hasta que lo digerí con calma, en el silencio de la habitación y volví a leer mi novela años después de haberla publicado.

Quise arrancarme los ojos cuando los abrí a la verdad, pero ese mismo día entendí que el reseñista tenía razón y que algo tenía que hacer para cambiarlo. Lo que leí ya estaba en mi cabeza y no lo podría borrar.

Me levanté más rápido que lo que demoré en caerme.

Hablé el tema con alguien cercano, porque esta vez quería asegurarme de estar despierta en plenitud. Y lo que me dijo en resumen fue: leer tu novela es como estar sentado viendo una película.

Así descubrí que tenía el síndrome del guionista, nombre con el que bauticé a mi fijación por añadir más diálogos que narración. Identificado el problema y aceptado mi error, decidí buscar opciones para mejorar mi escritura. Tomé varios cursos al respecto que estaban a un muy bajo costo (Gracias Domestika.org) y te diré algo:

Me hubiera gustado haberlo hecho hace una década.

Quizá para el momento en que escribo esto, ya tendría varias novelas finalizadas y bien pulidas, se vale soñar. Pero bien dicen que el mejor momento para hacer un cambio que te impulse hacia donde quieres ir es el día de hoy, y que nunca es tarde para querer mejorar.

La moraleja de esta historia, como ya te venía adelantando al inicio es: el arte es subjetivo. Pero debemos dominar la técnica, practicar antes de publicar, hacernos más visibles (sí, aunque nos cueste) y todo eso antes de poder innovar.

El estilo del escritor es una cosa que se adquiere y se pule con el tiempo, leyendo mucho a otros que van muy por delante en el mismo transitar que nosotros y buscando siempre mejorar. Una corrección de estilo solo te hará correcciones que tienen que ver con la estructuración de las oraciones, no con tu estilo narrativo. Defínelo y elimina de él lo que lo hace ver como el que tendría un principiante, cíñete a las reglas antes de querer extender las alas para volar o terminarás estrellado como yo.

Pero, supongo que además de que en este oficio nos armamos de la virtud de la paciencia, también somos muy necios cuando se trata de alcanzar nuestros sueños.

Y por si te lo estás preguntando, dejaré a continuación el enlace a la mala reseña que me hizo despertar. Mil gracias, Selin.

Espero que se deleiten.

https://anikaentrelibros.com/los-surrealismos-del-amor




miércoles, 5 de marzo de 2025

Cómo la escritura salvó mi vida más de una vez.

A los 13 años levantarme de la cama cada día era una proeza de la que no fui consciente hasta varias años después.

Tumblr estaba en su apogeo, esa plataforma donde podías soltar el río de tristeza que llevas dentro y resonar con miles de desconocidos reblogueando tu contenido. Y llegó a mí en el momento en el que más lo necesitaba.

Descubrí que había más personas que se sentían como yo y encontré compresión en el último lugar donde podría hallarla. Eso me motivó a dar el salto hacia Wattpad, tras mi corto momento de fama en Tumblr.

Desde los 14 y hasta los 17 escribí todo lo que mi alma me pidió. Historias que conectaron con miles, por las risas o por las tristezas de mis letras.

Recibir el cariño de los lectores, me hizo olvidar el desprecio de los que me rodeaban allá afuera.

Cuando di la bienvenida a la adultez, nada mejoró. El declive en mi vida continuó y parecía que entre más demoledor fuera lo que me ocurriera, mayor sería la inspiración para crear historias.

El día que decidí que quería dedicar mi vida a lo único que me hacía feliz, también fue el día que la vida eligió darme la oportunidad de tomar aire para el siguiente golpe. Uno que me hizo entender que todo lo anterior fueron palmaditas en la espalda.

Toqué el fondo desde los 20 y hasta los 24. Lo único que me hizo continuar fue vivir por y para el proyecto de crear una novela que tenía en mente.

No les mentiré, la terapia fue el cristal que me ayudó a ver la realidad que siempre estuvo ahí y nunca vi: yo no estaría aquí de no ser porque tuve a qué aferrarme. La escritura como herramienta en la terapia.

Canalizar mis emociones a modo de "escritura terapéutica" cuando era incapaz de gestionarlas, aprender a novelar mi realidad como forma de contrarrestar los pensamientos intrusivos, autoconocerme y dar los primeros pasos hacia el amor propio mediante la ficcionalización de "mis defectos" como una manera de enfocar mi perspectiva no solo me sanó, me revivió.

Hoy puedo decir que vivo en paz, porque para ser feliz hace falta mucho más. Y si pudiera ir al pasado a decirle algo a esa chica de 13 años que no encontraba una salida, le diría: la escritura te acompaña y te salvará muchas veces más. 

Editoriales y Bookfluencers: mi opinión.

Recientemente se ha hablado sobre el tema de que las editoriales dan oportunidades a creadores de contenido que nunca han escrito nada en su...